domingo, 31 de julio de 2016

HOY

HOY
Susana Arroyo-Furphy
Bring roses if the rose be yet in bloom
W. B. Yeats

Hoy tengo ganas de escribir, de contar
Tengo ganas de llorar, de reír,
de lanzar al viento opacidades y transparencias,
dolores y ayeres rojos.
Hoy, encaramada en las crines de caballos plateados
ondeando vaivenes, serpenteando suspiros;
hoy, con encuentros y adioses que la memoria
ah –esa torpe e inconsciente se empeña
como vieja descuidada soledad
en no recordar, en no obedecer las siempre
displicentes e insensibles órdenes
de un cerebro torpe y enmohecido.
Hoy, como quimera solitaria, nebulosa,
como oscura reticente que se advierte aire
que se encuentra agua, que se quema fuego
que se arranca tierra para olvidar el olvido.
Hoy escribo aire,  inundo agua, naufrago fuego, bebo tierra. 

Publicado en Pluma y Tintero. Dir. Juana Castillo. Año VII - No. 35 - 2016
Marzo-Abril 
Madrid, España

viernes, 30 de octubre de 2015

15 páginas

Este poema lo escribí en el curso de poesía de El Escorial con el poeta y maestro Enrique Gracia Trinidad. Lo dediqué a Ivy cuando estaba por cumplir 15 años de edad.



QUINCE PÁGINAS

A Ivy



1992
 Llegaste. Iluminaste mis oídos

1993         
Un año de alegría, llantos, risas, luz

1997
Cinco años en mi vida
                                      lumbre
                                      alumbre
                             fuego de ojos     libre

2001
Salta, salta
                                      saltarina inerte
                                      leve            aleve
                             diáfana                tramontana
                   ráfaga                           vientecillo sagaz

2005  
Exploro en ti
                                      risueña cantarina
                             verdad envuelta  
                                      en sedas y tatuajes
                             ornamentos inútiles              ficticios

2007
Quince años.
          Libro abierto de escritura ciega
          meiga                  fiera

          Dócil oveja
          tímida y ligera

          Huyes despavorida
          en fuga pasajera

                             Y yo en mí,
humilde                        
y arrobada
          alzo la cara al cielo
          

¡Gracias!




Susana Arroyo-Furphy

viernes, 24 de abril de 2015

PEPITO

Pepi  llegó a mi vida en un momento en el que necesitaba una compañía muy cercana. Yo me había ido a vivir a Australia y me había casado con Ken, un maravilloso hombre australiano. Él tenía un perro que se llamaba Charly. Por circunstancias que no vienen al caso, Charly murió y nos quedamos sin mascota.
En algún momento de nuestras vidas decidimos tener pajaritos. Así logramos una decena de Lovebirds, encantadores. Sin embargo, nuestros viajes constantes hacían difícil mantener la quietud del gran aviario que Ken había construido. Tuvimos que deshacernos del aviario y con él…, de los hermosos lovebirds.
Es quizá este momento el que me subyuga, me hace pensar en la indestructibilidad de las emociones, en la reparadora compañía.
Pepi, acaba de cumplir cuatro años y en este tiempo ha llenado espacios que se encontraban –y continúan encontrándose– latentes en mí, como el deseo de tener alguien a quien cuidar.

Muy joven tuve dos hijos de un matrimonio a muy temprana edad, era casi adolescente. Mis hijos ahora rondan los 40 años. Así que con este instinto maternal he buscado y por fortuna he encontrado en Pepi una razón más para vivir, sobre todo en esta curiosa forma que me he impuesto: la vida en la lejana Australia.
El diario convivir con Pepi, descubrir su carácter, sus emociones, sus grandes destrezas y, sobre todo, la increíble compañía que me brinda, hace de mi vida sedentaria y solitaria un cúmulo de emociones. Jugamos varias veces al día, le lanzo un juguete y él, expectante, lo busca y me lo trae, le pido que lo deje en el suelo y lo detiene con sus patitas delanteras que parecen manos.
Pepi es un hermoso Brittany Spaniel, tiene los colores acendrados de su bello linaje: café o marrón oscuro, como el tabaco, en manchas que salpican su blanco cuerpo. La parte derecha de su cara está jaspeada por una especie de pecas de color marrón. Y entonces los bigotes de ese lado de la cara son oscuros y los del otro lado son blancos.
Quiero a Pepi, no sólo por la compañía que me brinda sino porque lo respeto, lo admiro y lo entiendo en su andar perruno.
Diario descubro cosas nuevas con él. Es tierno, suave, cariñoso pero suele ser fuerte y valiente, todo un retriever.
Espero que estemos mucho tiempo juntos y aunque sé que la vida nos separará en algún momento, nunca habrá nada que destruya los hermosos lazos que hemos logrado.



jueves, 9 de abril de 2015

Vuelo a Dubai


Una vez más regreso
Lloro
siempre lloro
Ahora incontenible, desconsolada
Bebo cava salpicada con olivas
tus olivas
las que me diste en el mercadillo
Y lloro
de nuevo
Las niñas musulmanas me ofrecen
consuelo y pañuelos desechables
sus enormes ojos preguntan
y no sé qué contestar
Resueltamente pido una foto juntas
No lo tenemos permitido
me dicen
Y sigo llorando
en este continuo vuelo
en este comer olivas y beber cava
confundido entre mis lágrimas

domingo, 31 de agosto de 2014

Me he acostumbrado



Me he acostumbrado

Me he acostumbrado a despertar con las caras coloridas de las cortinas del cuarto de Ivy y a recibir las frecuentes visitas de Itto en la cama. 
Me he acostumbrado a la vida que han forjado juntas y a vivirla con las dos con alegría, con la sonrisa de Ivy, en concierto con su hermosa cara; y con los ojos de Tania donde se contempla el mar y el cielo.
Me he acostumbrado a la cotidianidad de Barcelona, los paseos de Itto, las tardes, los almuerzo y la espera a Tania del trabajo, siempre alegre, siempre entera y valiente.
Me he acostumbrado a vivir con la energía que emana de la fortaleza que han creado juntas, a sentirme parte de una alianza indisoluble.
Me he acostumbrado a llevar a Ivy a la uni, recogerla, verla sonreír, haciendo planes, mirando su móvil como si en ello mirara el futuro.
Me he acostumbrado y la costumbre se ha hecho fuerza, virtud, llano despejado, cielo limpio, entrega.
Las quiero imaginar siempre así, hijas mías, siempre unidas y contentas, cantando y contado el tiempo, mirando juntas la tele, leyendo, caminando, disfrutando de la vida en una Barcelona que de alguna manera es también mía.
No puedo desacostumbrarme, me costará trabajo.
Escribo desde el avión a Estambul. Ya quiero estar de nuevo viviendo los dias y las tardes y las noches con mis dos bellezas… y con Itto.
Las amo,

Ana

Susana Arroyo-Furphy

MÁS SABE EL DIABLO

¿Quién te dijo, mujer, que eras sabia?
¿Acaso sabes que la verdad no existe
y la mentira se esconde en el silencio?
¿Sabes de la derrota,
del fracaso?
¿Tiemblas cuando las hojas caen
y los nombres se pierden
en la espesura de la memoria?
Ríos de risas y de llanto
alimentan al condenado a muerte;
mientras las esperanzas
flacas y parcas
se disuelven, se niegan.
Tanto dolor y tan poco tiempo,
tanta desilusión en un solo cuerpo.
Nadie sabe,

quizás el diablo, por viejo…


Susana Arroyo-Furphy
Del Poemario en preparación Yo creo
2014


jueves, 26 de junio de 2014

Poesía de Yerandy Pérez Aguilar

maniquí        / Yerandy Pérez Aguilar, Cuba, 1990
Poema publicado en la Antología Bicentenario de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Madrid 2014

un hombre se detiene frente a mi vidriera
–segundos de contemplación–
luego sigue
dobla la esquina hasta mañana

un hombre se detiene       todos los días
frente a su miseria
–repasa los ahorros–
luego sigue
dobla la esquina hacia su trabajo

un hombre se detuvo hoy
cruzó el umbral de mi existencia
–con monedas inexplicables–
compró la esperanza y se marchó

quizás mañana
mi desnudez
no lo detenga


Elegía por un lugar llamado tierra    /Yerandy Pérez Aguilar, Cuba, 1990
                                                               Finalista en el CONCURSO DE POEMAS DE
    CIENCIA FICCIÓN REVISTA SCI-FDI

elegí el espacio                 el infinito                 lo innombrable

la nave despegó el penúltimo año de algún siglo cercano al fin
en el puerto no me despedía nadie
disimuladamente dije adiós a la multitud
algún robot quizá me confundió con su dueño

recuerdo todo
los planetas visitados     los agujeros malditos     la velocidad de la luz
sin embargo
el olvido hacia la Tierra crece y duele saber que nunca
me verán volver

duele
porque quién sabe si ya todo está mejor
y la hierba ha crecido nuevamente y el Sol no ha muerto aún
y todo fue mentira y la luna no estaba por caer sobre nosotros
y los rayos UVA no dan cáncer o tal vez ya el cáncer tiene cura
y duele ignorar si ya no hay hambre
y duele ignorar si ya no hay hombres
y duele
y esto seguro es muy ridículo
porque tal vez                            en la multitud
algún robot espera confundirme con su dueño


jueves, 22 de mayo de 2014

MUDA

MUDA

He decidido dejar de hablar.
Y no me refiero a esos constantes momentos de mudez en los que habitaba en ocasiones y me sentía casi superior a los demás. Me enarbolaba en una cima o sima que me hacía inmarcesible.
He decidido dejar de pronunciar palabra alguna.
Desde el día de hoy hasta el día que muera.
Mejor que hablen los demás, que hagan ruidos, música estridente, los comediantes en la televisión con sus incongruentes y estrepitosas pavadas. Los actores, los noticiarios, los que vienen a tocar el timbre, los que tocan la puerta, los que dicen buenos días o los que insultan a todos. Que hagan sus ruidos.
He decidido que mi voz, como la de Villaurrutia, mi voz que madura, mi voz quema dura, mi voz quemadura, mi bosque madura, mi voz está atrapada en una red que no le permite salir. Esa red es la incongruencia de los espíritus atormentados.
No hablaré pues no tengo nada que decir. Nada que agregar. Todo ha sido dicho y vengado y aceptado y negado y rehuido y tergiversado. Ya no hay voz. Ese entredicho, esa media palabra, el medio tono, ese casi impalpable sonido se ha secado, se ha escindido, se ha extinguido.
Mi voz como llama tenue de una vela que se niega a morir pero que envejece y se derrite y se derrama en sí misma, esa otrora voz grande, fuerte y sonora ya no es nada. Se ha quedado muda. Ha decidido replegarse, juntarse, ensimismarse. Y sucede que al no tener nada que decir ha decidido que es mejor no decir nada.
La gente dice cosas, dice muchas cosas. Dice lo que siente y lo que no siente, lo que piensa y hasta lo que no piensa, se equivoca, se constriñe, escupe sus pensamientos o lo que en esos momentos pasa por su cabeza. No piensan, no sienten, no comparan, no refutan para sí mismos. Explotan.
Yo no explotaré nunca más. Mi voz es, era, una voz sin vida, como la de todos. Una voz ardiente y chillona, mediocre y postiza. Así igual a la de todos. Por lo tanto, ya mi voz no es voz ni al menos una entelequia de voz. No es nada, la nada es más que nada para la voz. Esa voz, cualquier voz, la pobre voz que se resiste y hurga y anda por ahí escondida tratando de salir y decir nada. Es una pobre mediocre voz. No tiene sentido ni significado. Ha perdido su impacto, su índice, su icono, su símbolo. Ya no es signo.
Entonces la gente sugiere, introduce, opina. La gente, ay, siempre opina. ¿Y por qué es así que esta voz deja de existir? Como si antes de que al menos viviera en la faz de la Tierra hubiese sido importante su inexistencia.
Es una voz lastimera, socarrona, indigna, trasnochada, humillada. Es una voz que se creía voluptuosa y tajante, prístina, encumbrada, iluminada. Y la gente ríe: ja-ja, eso no es nada. Y así fue como se perdió la voz. Se perdió en la nada.
Basta de conmiseraciones. La voz es una voz partida, híbrida, ínfima, bruscamente anonadada. Por fortuna ya no tenemos, tienen, esa voz que martilleaba, que era tintinante, iterativa, zarandeada, era una voz que ahora es menospreciada, que no tiene gracia, ni garbo, ni autonomía. Era una voz prestada, robada, altamente deleznable.
Por fin, hemos prescindido de esa voz. Hasta yo misma estoy agradecida de la inexistencia de su sonido sin ritmo, sin armonía, sin estilo.
Adiós voz, adiós y hasta nunca.

miércoles, 14 de mayo de 2014

INSTANTES

La secadora
Compré una secadora de ropa.
Hacía un ruido gracioso.
La ropa viene y va.
Juega a dar vueltas.
Preámbulo amoroso.

El arco iris
Ha aparecido el arco iris después de la lluvia.
Nada grandioso.
El arco iris sigue siendo algo grandioso.

Compras
La gente viene y va.
Usan bolsas grandes para guardar cosas pequeñas.
Las cosas pequeñas suelen ser grandes ilusiones.

El mantel
Es importante un buen mantel.
Uno comprado en Brujas o en Estambul.
Si nadie pregunta, ¿les diré que es de Brujas o Estambul?

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The Dryer
I bought a spin dryer.
It made a funny noise. 
Clothes come and go.
They play Hunt the Postman.
It’s like foreplay.

The Rainbow
The rainbow has come out now
after the rain.
 Nothing much.
 Rainbows are still
something.

Shopping
People come and go.
 Big bags for keeping small things in.
 Small things are usually a hopes. 

The Tablecloth
 A good tablecloth
is important.
 One bought in Bruges
or Istanbul.
 If people do not ask,
would you tell them
it’s from Bruges
or Instanbul?

Many thanks to Dr Robert Gurney for helping me with this great translation.
Susana

jueves, 3 de abril de 2014

A mi padre - del cajón de los recuerdos... ¡hermosos!

Mi padre

Yo tengo en el hogar un soberano,
único a quien venera el alma mía;
es su corona su cabello cano,
la honra su ley y la virtud su guía.

En lentas horas de miseria y duelo,
lleno de firme y varonil constancia,
guarda la fé con que me habló del cielo
en las horas primeras de mi infancia.


viernes, 21 de febrero de 2014

De Alberto Ernesto Feldman. Buenos Aires - Argentina

 Cerca del barrio chino                                        
   
       Por alguna razón que desconozco,  me obsesionó desde  niño  la  imagen de una joven oriental de oscuros  y enormes ojos rasgados, larga cabellera,  cuerpo  estilizado pero  generoso en sus formas, y  una boca cuyos labios carnosos están siempre abiertos en una  cálida y prometedora  sonrisa. 
   No puedo recordar, si es que alguna vez lo supe,  el origen de esta aparición en mis pensamientos,  mucho más frecuente cuando entré en  la pubertad, pero lo cierto es que me marcó a fuego hasta hoy.
     Nunca pude,  en mis treinta años de vida,  concretar ni  una sola  relación sexual;  tampoco una simple amistad, ni siquiera  una corta e intrascendente charla en un café con una compañera de  trabajo o de estudios.
  Tampoco la Psicoterapia pudo ayudarme: abandoné  hace un par de años mi último tratamiento, en desacuerdo con  la pregunta del terapeuta: -- “¿Y si comenzamos a definir para que lado queremos ir?…” le dije que se defina él,  que yo eso lo tenía claro,  que sólo debía encontrar a la mujer de mis fantasías o  dejar de esperarla, y   que estaba allí sólo  para que me ayude a definir justamente eso; dicho esto, me levanté y me fui.
  Desde entonces, decidí, o mejor dicho la inercia decidió por mí.  Seguiría como hasta entonces,  esperando. Esperé hasta que me desesperé, porque pasó el tiempo  y  la soledad me  fue abatiendo.  Caí en un profundo pozo depresivo.
     Hasta que hace unos pocos meses, la imagen presentida se corporizó. Con un vuelco en el corazón, comencé a verla en la calle, en el supermercado,  caminando delante mio  o cruzándonos al doblar la esquina.
    Al principio creí que mi antigua obsesión me estaba llevando  al delirio,  potenciada por la presencia en las calles de mi  barrio, cercano al Barrio chino, de numerosas muchachas de origen oriental, hasta que  con una mezcla de  ansiedad y alegría,  y para ser franco, casi al borde del infarto, comprobé, al  entrar juntos en el ascensor,  que ella,  la  Única, vivía en mi propio edificio,  diez pisos más arriba.
  Entonces supe que   el  destino,  el azar o como quiera que se llame, había  producido  el milagro de  hacer realidad  mi sueño recurrente, ofreciéndome la posibilidad de verla casi a diario, y quizás, si  podía desprenderme de  mi maldita timidez,   relacionarme con esa  adorada mujer, creada por la imaginación  para satisfacer  de algún modo mi deseo.
 Tal vez  no  sería  inútil el haberla esperado desde  siempre,  cuando  la soñaba, ansiando  que mi anhelo y la magia que la acompañaba, nos atrajeran uno al otro como un poderoso imán a un alfiler, rompiendo los diques a la llegada de  un  momento  que recordaríamos toda la vida. Soñaba con ese momento en que recibiría  la invitación tan  esperada a la Fiesta de los sentidos, al despertar del sexo.
   Posiblemente hubiera comenzado esa Fiesta con nuestro primer beso en la boca, acercando nuestros labios con  un impulso tal que nuestros  dientes chocarían,  (después nos reiríamos inocentemente de nosotros mismos, por ese comienzo).
    Jamás olvidaríamos  ese primer y delicioso contacto de nuestro  labios  oferentes,   temblones de pura impericia,   mientras mis manos en su piel y las suyas en la mía, tímidas e inseguras  al principio, pero ya lanzadas sin retorno,  explorarían y descubrirían el Nuevo Mundo que nuestros miedos y nuestra vestimenta ocultaban.  
     Por primera vez,  tomaría conciencia de la sutileza de la yema de mis dedos en sus pechos  suaves y  erguidos, de  la maravillosa sensación  eléctrica al contacto con sus pequeños  pezones enhiestos,  de la sensibilidad de cada pequeña fracción de nuestras pieles.
     Después…después… no sé, quizás aparecerían  otra vez  mis miedos y   no sabría continuar,  pero ella, con una sabiduría ancestral y una destreza intuida  apenas unos minutos antes, sabría como guiarme por  los senderos de nuestros cuerpos fundidos, mientras nos miraríamos profundamente  (ella con ojos vidriosos, yo respirando con dificultad), hasta permitirme ingresar en el tibio  templo  de su cuerpo estremecido.
 Y así podríamos seguir por los días de los días, tal vez años,  quizás por toda la vida, perfeccionando esa  maravilla que hace que el  Amor y el Sexo se mezclen y  terminen  siendo la misma cosa.
    Pero nada de eso  había ocurrido hasta ahora;  sólo mi deseo de ella, nunca satisfecho, me hizo imaginarla, y tal vez la fuerza de ese  mismo deseo la trajo  hasta mí  y me dio fuerza  para decirle,   a fuerza de encontrarnos en pasillos y ascensores en estos  días en que anudamos   una amistad con agenda abierta,  mirándonos con simpatía, diciendo  cosas graciosas que nos hacen reír y cosas serias  que sólo contaríamos a nuestros  mejores amigos; como por ejemplo, que  los  dos  tenemos  treinta años y ninguna experiencia amorosa.  En fin,   todas esas  cosas que hicieron que  hoy,  mirando nuestros relojes con impaciencia, intercambiemos  miradas de asentimiento y sin  que nos importe nada de nadie, abandonáramos esa  aburridísima   reunión de consorcio  tomados de las manos, y  caminando  lentamente por el  largo  pasillo, nos  digamos al oído  todo lo que  haremos   en esta  tibia noche de verano.
   Cuando cerré la puerta  del ascensor y pulsé el botón del  piso catorce,  nos abrazamos, y  como lo había soñado mil veces, mi respiración se  alteró y  los ojos hermosos  y  rasgados de la señorita Li  comenzaron a ponerse vidriosos;  sonrió con una sonrisa que yo conocía desde siempre y me  invadió la maravillosa sensación  de que el Cielo nos esperaba.

 Y hacia allí partimos.

lunes, 6 de enero de 2014

LLORAR

Llorar

La labor de una madre es llorar.
Llorar por un hijo enfermo.
Llorar por su futuro.
Llorar por su presente.
Llorar ha sido uno de los inventos más afortunados.
Se siente una redimida, aliviada, distraída, entusiasmada, deconstruida.
Al llorar se enjuga el dolor, se constriñe el ánimo, se alimenta el sinsabor.
Llorar y llorar sin parar.
Dejar que las lágrimas broten como un elixir de fantasía,
como una fuente, un manantial.
Llorar y degustar la calidez –a veces el frío-
descampado, tibio, lacerante.
Esa humedad que hiela, que marchita, que con su sal trasluce
las mejillas y los párpados,
 que suave, dulcemente, se cierran.
Cierran para dar paso a otra lágrima
y a otra
y a otra.
Lloro porque me acuerdo, porque me duele el recuerdo,
porque mis ojos están abultados; porque esperan las gotas que a veces arden
y gritan y concitan a más llorar y llorar.
Lloro porque no recuerdo, porque sé que el dolor está ahí
y sigue y sigue
y no cede.
Lloro porque quisiera empañar mi adentro como empaño el espejo;
porque las madres lloran
y las flores rezuman sus olores
y la cotidianidad es constancia de la vida.
Lloro porque el vacío me gobierna y me inunda.
Lloro porque me duele, ay, cómo duele
el llanto que está dentro y que desea brotar.

Susana Arroyo-Furphy





viernes, 13 de diciembre de 2013

Dra. Helena Beristáin - En su memoria

Me he enterado de la muerte de la Dra. Helena Beristáin. Fue una especie de colapso para mí. No pude contener el llanto.
La conocí en 1989, cuando empezaba la maestría en Lingüística en la UNAM al tiempo de dar inicio a la tesis de cuyo contenido, título y secciones ya tenía todo claro. Solamente me faltaba un asesor. Cuando empecé a hablar con ella descubrí cómo emanaban de sus labios los conocimientos. Parecía sembrar flores en mi páramo. Me sentí subyugada por el encanto que ejerció en mí y desde entonces hasta el año 2000, casi once años después de haberla conocido, mantuvimos una relación muy cercana. Yo, siempre la pupila, ella, siempre la maestra. 
Tras la maestría, vino el doctorado y con él las noches de insomnio, las pesadillas, el trabajo abrumador, mi familia, mis problemas que se hacían cada vez más grandes. La tesis que se hacía cada vez más infernal.
No puedo negar que hubo problemas entre nosotras, piedras en el camino. Llanto por no poder estar a su altura. 
En los últimos años, tras mi autoexilio en Australia, mantuvimos escasa pero constante comunicación. Me felicitaba por mis textos, la sentía más cercana, menos rígida. 
Pero últimamente advertí la ausencia de sus respuestas. Temí que alguna enfermedad se hubiese apoderado de ella y que me la arrebatara y llevara al mundo de las tinieblas. Tenía su teléfono pero algo me impidió llamarla. 
De vez en cuando buscaba en internet noticias suyas. Hay un vídeo en el que la entrevistan. Al verla y oírla ahora, tras su muerte, siento escalofrío. La recuerdo, igualita.
Un colegio lleva su nombre, lo cual me da mucho gusto pues ser maestra lo llevaba en la piel, en las entrañas.
En el 2005 le mandé un poema que escribí a mi hermano Alejandro, que había muerto. El poema se llama "El arco iris y la banda de Alejandro" y dice así:

Si la luz es una simple onda
y las gotas de lluvia son esféricas,
uniformes y constantes
para atravesarla,
se presume que entonces
y sólo entonces
se crea un arco iris.
            La luz se dispersa
se refracta                    se refleja
en las gotas de agua
que c   
           a
              e
                 n
                                    precipitadas.
La cresta del arco iris es más alta
si baja el Sol 
quien con la lluvia 
debe trabajar
incesante e incansablemente
para que juntos,entonces, 
formen los siete colores.
Pero el arco iris 
es solo
un fantasma                 una imagen.
El que yo miro no es el mismo
que aquél que tú puedes ver.
Si yo lo imagino quizá lo creo en mi mente.
¿Lo miras como yo?
¿Es tan bello?
Hay uno doble que tiene
entremedio
una franja oscura llamada
Banda de Alejandro.
Recuerdo que hace tiempo
regalé -a otro Alejandro- un arco iris
hecho de besos y sonrisas,
pero ya no pudo mirarlo.

He buscado en mi correo esa fecha y he hallado su respuesta:

Querida Susana:
    Mi más sentido pésame y muchos deseos de buena suerte para el futuro.
                    Helena Beristáin

Luego vinieron algunas reseñas, un cuento. Poemas, textos, publicaciones que inocentemente le enviaba con la intención de que cayeran en su buzón como de casualidad.
Dejé de llamarla "doctora" y me atreví a dirigirme a ella por su nombre. Le decía, con respeto, "Helena, me han publicado esto...". 
Una vez me respondió algo que casi enmarco, lo guardo impreso en mi cajón de objetos valiosos:

Querida Susana:
    Pues ya no me cabe la menor duda. Eres una escritora, en verso y en prosa, en un lenguaje artístico y también en un lenguaje práctico, referencial.
    Tienes el don. Ya lo traes en la sangre. Te felicito. Que te sucedan mil cosas buenas y bellas.
                                            Helena Beristáin

Ese día sentí que flotaba. Alguien que me había hecho "la vida de cuadritos" durante más de ocho años (pues los dos años de la maestría ambas nadábamos como peces hermanados por el agua), ahora me halagaba... era pertinentemente irreal. 
En el 2008 ya éramos casi amigas. Nunca me atreví a tutearla. Escribía y resscribía los mensajes que le mandaba pues no me habría perdonado (yo misma) ningún error. 
Entonces llegó esa su respuesta, tan suya, tan directa. Me hizo el día, la semana, el mes, el año, la vida después de ese comentario a mi artículo sobre "Cantinflas". Era parte de una trilogía que tuvieran a bien publicarme en aquella revista en la que solía participar, "Hontanar". 
Y ella, mi adorada Helena, me dijo:

Gracias, querida Susana.
    ¡Qué bien escribes! Es excelente ese fragmento de un artículo tuyo (tres páginas y media).
    Cantinflas se sigue presentando en los canales de televisión. Yo (que casi no veo nada más que las noticias), a veces me he vuelto a hallar una de sus películas y las disfruto muchísimo.
    Una vez, hace muchos años, un sábado por la mañana, buscando yo algún objeto en una enorme tienda, casi vacía a esa hora, me lo encontré. Me vio, y comenzó a actuar como su personaje de película, para hacerme reír, supongo.  Era genial.
    Que te sucedan muchas cosas buenas y bellas.
                                                Helena
Era y ha sido la persona a quien más he admirado profesionalmente. Nunca descansaba -ni en domingo- decía que ya tendría la eternidad para descansar.
Cada vez que me he dejado llevar por cierta holgazanería (normal en las personas simples y normales), pienso que Helena, mi madre putativa, como le decía en mis adentros, me lo reprocharía. Así que o dejaba de ser holgazana o dejaba de pensar en ella.
Hubo mucho entre nosotras, cariño, quizá un poco de odio en algunos momentos difíciles. Pero lo que nunca dejé fue de admirarla. Su carácter, su determinación, su espíritu combativo y de trabajo constante, han sido mi ejemplo a seguir.
Ahora, tras su muerte, siento un gran vacío. 
Me duele que se haya ido, me duele no tener alguno de sus tantos libros, de los que leyera cientos de veces pues los sabía casi de memoria. Me duele no haber escuchado su voz en los últimos años. 
Y lo que más me duele es no haber hecho nunca esa llamada para decirle cuánto la quería.

Susana Arroyo-Furphy
Diciembre de 2013

lunes, 18 de noviembre de 2013

De Guillermina Monroy


Recordó su voz en aquella iglesia. Hacía más de diez años que visitaron aquel lugar. Ella reía con su risa de niña adulta y tú no comprendías bien a bien lo que pasaba.
Tu pasado eclesial era contundente y te gustaba el ambiente religioso, no te parecía extraño. Pero ella, que te había llevado hasta esa hondonada, reía tontamente llevada de su loca travesura, sin saber lo que en ti rememoraba aquél ambiente cargado de misticismo. Ahora lo recuerdas todo.
A veces las noches de pasión pueden convertirse en un desastre si se hace la pregunta equivocada y se devuelve la respuesta equivocada. ¿Por qué ella preguntó lo que debería estar olvidado? Y de tu boca salió la verdad, la horrible verdad.
Entonces, un halo indecente de inocencia te envolvía. Y creíste que la verdad era imprescindible. Funesto error. Todo se vino abajo. Y de un tálamo nupcial aquello se convirtió en una guerra sin cuartel con acusaciones, señalamientos, ofensas y el choque terrible de los orgullos heridos.
Ahora recuerdas cómo saliste al balcón en plena noche y las montañas que rodeaban el santuario religioso te parecían cuerpos de fantasmas gigantes que se comerían tus entrañas sin compasión.
Recuerdas también que no entraron nunca al santuario mariano. Tal vez eso hubiera calmado los ánimos. Pero, en vez de eso, cuando amaneció, huyeron rumbo a otro paisaje, con una herida abierta que no cerró jamás y que, al final, rezumó la podredumbre de la desconfianza y acabó con el amor.



En mis brazos

En mis brazos

Ligia desfallecía en mis brazos. Era como un ángel con esa débil mirada perdida.
Su rostro blanco como el de una geisha que contenía una sonrisa que parecía la de un ángel, aunque yo nunca he visto ni veré a los ángeles pero su leve mueca de alegría me embargaba.
Ligia, mi Ligia. Aquí, ahora, en mí, en todo su esplendor. Apenas cabía en mis brazos de tan pequeña –¿se empequeñecía...?
Poco a poco su bello rostro se tornaba azulado, verduzco, como el de un muerto. Pero yo, que no la quería separar de mí, pensaba: “estás en mis brazos, ¡oh Señor!”
Tu cuerpo de tan pesado había dejado casi dormido mi brazo izquierdo, el brazo que te sostenía. El derecho no dejaba de hacerte caricias por la cara, los labios, los párpados semimuertos, la piel que tibia desaparecía de esa tibieza, las uñas, las pestañas, cómo te morías, Ligia, mi adorada Ligia, dentro de mí, entre mis brazos.
Y ahora te quieren quitar de mí, desprenderte de este cuerpo que me pertenece. Porque mía, eres. Y no sé cómo decirles y gritar a todos que no te pueden separar de mí; que tu cuerpo, tan mío, tan inerte, tan lívido sigue entre mis brazos.
Mi Ligia, mi amada. Dulces son los recuerdos, tristes las despedidas. Te irás pero yo creo en el Señor. Creo que me enseñará el camino de la reconciliación, de la fe, de no sé qué, eso que me permitirá respirar cuando te hayas ido –ya te fuiste- para siempre.
Y sigues aquí, Ligia, en mis brazos…


miércoles, 13 de noviembre de 2013

20 FIGURACIONES Y UNA FANTASÍA DESESPERADA

Presentación del libro 20 figuraciones y una fantasía desesperada de Susana Arroyo-Furphy


Por Victoria Navarro

Chapultepec, 22 de Junio 2013


Al igual que hace cinco mil años un grupo de personas se reunía a la orilla del Nilo bajo la sombra de una palmera, para escuchar “Los cuentos de los Magos”, hoy estamos aquí, acompañados por ahuehuetes milenarios para escuchar los cuentos de Susana. Esas personas y nosotros tenemos algo en común: nos gusta el cuento.
Cuando Susana Arroyo-Furphy me invitó a comentar su libro me sentí muy honrada y acepté sin dudar. Pero cuando revisé su currículum me di cuenta de que estaba en aprietos.
¿Dónde encontrar las palabras adecuadas para presentar los cuentos de una doctora en Letras Hispánicas, catedrática del TEC de Monterrey, investigadora honoraria de la Universidad de Queensland, poeta, traductora, ensayista, especialista en semiótica, lexicografía, semántica, dialectología y, para para incrementar mi angustia, también en Sor Juana?
Acudir a diccionarios, enciclopedias y libros especializados no hizo sino preocuparme aún más. Pensé en declinar, pero me percaté de que había sido atrapada, atrapada precisamente por sus cuentos.
Decidí entonces utilizar un método tan antiguo como Egipto: Hacer preguntas.
¿Son cuentos los relatos de Susana?
Guido Gómez de Silva en su Diccionario Internacional de Literatura y Gramática dice que el cuento es una narración en prosa, relativamente breve, con limitados personajes y, como trama, una sola acción. Aunque es una definición irrefutable, yo prefiero la de Cortázar: el cuento es el hermano misterioso de la poesía, es una fugacidad con permanencia. E incluso la de Borges: el cuento es la joya de la literatura.
Solo se cuenta lo excepcional, un acontecimiento significativo. Se capta un fragmento de la realidad como lo hace una fotografía.
 Un cuento, para que sea eficaz debe acaparar el interés desde las primeras líneas. El tiempo está siempre sometido a una gran tensión, se presenta un rompimiento y el lector se siente como un vagón enganchado, pues no puede dejar de leer. Todo esto en un espacio reducido y mediante un proceso estrictamente vigilado.
El buen cuentista tiene que producir en muy poco tiempo un efecto único: que el comienzo de la acción esté lo más cerca posible del final. El cuentista es, en realidad, un gran conversador, sabe que la atención del público es corta y quiere despertar reacciones emocionales en sus lectores para dejarles una huella indeleble, como una cicatriz que no duele.
Los cuentos que hoy se presentan cumplen con estos requisitos, son incisivos, capturan con un estilo basado en la habilidad con la que se crea el clima de tensión. No sabemos qué va a ocurrir y eso nos inquieta:
·        “Lars y yo nos fuimos a vivir a las afueras de Upsala”
·        “No voy a comenzar esta historia haciendo alusión a Caronte”
·         “Una de las razones por las que me casé con Lisa fue el hecho de que me sentí embrujado por sus manos”
·        “Ella siempre había sido una mujer asombrosa”
·        “Un día de estos tendré que visitar a mamá, han pasado ya muchos meses... ¿años?”
·        “La gente corría, había gran confusión entre los presentes, nada se sabía, nada se decía.”
La autora narra hechos que rompen la cotidianeidad, una situación estable es perturbada por alguna fuerza o desequilibrio. En la mayoría de los cuentos estas situaciones alteran la vida de una pareja:
·        gatos de madera que se multiplican,
·        éxitos que conducen al vacío,
·        pájaros que se transforman,
·        guantes que no se pueden quitar,
·        ropa que se deshilacha como la vida,
·        ojos que contienen el Aleph,
·        sombras que crecen desmedidamente.
En otros, los hechos suceden dentro de una casona, en un hospital o en un lugar imaginario.
El desarrollo de cada cuento está trazado con precisión geométrica, no falta ni sobra nada. La autora domina el arte de provocar un efecto inmediato, como un relámpago que deslumbra y estremece.
El interés que reside en el presentimiento de dificultades que se avecinan, conduce al lector de expectativa en expectativa, de zozobra en zozobra.
·        “Un día escuchamos un extraño ruido, un toctoc.”
·        “Elisa empezó a notar que su esposo dibujaba en la pared y en el techo una sombra más grande que la que cualquier ser humano pudiera proyectar.”
·        “Todos sabían que Esther era la amante del licenciado.”
·        “Odiaba leer el diario de Pita pero pensaba que era una forma de mantenerla bajo control.”
·        “En su vida no pasaba nada, solo el tiempo con cansina lentitud.”
·         “No sé cómo ni en qué estoy escribiendo…”

Los escenarios son realmente reducidos, calles, casas, habitaciones, cuartos de baño, jaulas de pájaros, teclados invisibles; se presentan como escaparates donde la autora nos narra la vida como si fuera una serie de impulsos.
¿Cuál fue la estrategia que utilizó Susana al escribir sus cuentos?
La misma de Scherezada, la de todos los de su estirpe, cautivarnos desde las primeras líneas con el único propósito de generar el deseo incontrolable de seguir escuchando su voz, a tal grado que estamos dispuestos a hacer cualquier concesión, como lo hizo el Rey Sharyar, con tal de satisfacer nuestra curiosidad por el desenlace. Esa voz que nos habla solo a nosotros, al oído, de una manera diferente, esa voz que nos conduce y nos seduce es la voz de una gran conversadora que mantiene nuestra expectación, casi sin pestañear, para mover nuestras emociones. Porque lo que realmente importa no es la historia, sino cómo está contada.
¿Cuáles fueron sus herramientas?
De manera simplista se diría que las palabras, los signos ortográficos, los espacios en blanco. Solo que estas palabras, signos ortográficos y espacios en blanco fueron rigurosamente seleccionados. Supongo que para echar a volar la imaginación del lector, los elige, los entrelaza, teje la urdimbre, tacha, recorta, reescribe, piensa quizá durante todo un día cuál sería la palabra adecuada, quizá durante una noche de insomnio. No se permite ninguna indulgencia para completar la tarea de convertir una idea en un cuento.
Con su trabajo, nos hace agradable no solo el trayecto sino también el destino. Entonces, la magia de la literatura se consuma: se mezclan dos mundos, el del autor y el del lector. Se produce la emoción estética y la ficción se vuelve realidad: Como en el caso de Sara, en el cuento Escritora:
Era tal su imaginación que a veces llegaba a su solitaria casa y hablaba con sus personajes, los hacía reales en su vida diaria, eran reales en su escritura”.
Cuentos fantásticos a la manera de Cortázar, cuentos cotidianos a la manera de Chejov, cuentos que algo callan a la manera de Hemingway, cuentos enigmáticos a la manera de Borges, escribió Arroyo-Furphy.
Paul Auster dijo que para quienes la vida no es suficiente está la literatura. Margarite Yourcenar, otra contadora de historias como Susana, escribió: “Yo leo para embriagarme”.
Si para quienes hoy nos acompañan esta tarde veraniega en Chapultepec, la vida no es suficiente y quisieran embriagarse con buena literatura, no pierdan más tiempo, apresúrense a tener en sus manos 20 figuraciones y una fantasía desesperada de Susana Arroyo-Furphy. Créanme, es un deleite que perdura.

Abogada y escritora, Victoria Navarro, gran amiga.

Descanse en paz.